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miércoles, 5 de febrero de 2014

Simbólico susurro.

 No daré testimonio a estos enemigos, he sido testigo de su delito más la justicia será blanda con la sentencia dada.
 No escucharé palabras que mientan antes de ser pronunciadas, el tiempo es breve para dejarlo huir sin hacer nada.
 La nada es la madre de la existencia, hago conciencia sobre esta certeza tratando de abrir los ojos y romper mi mirada.
 La mirada sucia de las víboras humanas, ella colapsa la relación de estos seres que caminan con sus dientes en la almohada.
 No daré palabra a estos enemigos, he sido testigo de su delito más las gentes serán sordas al juramento del nadie.
 No perdonaré mis errores recreándome en la autocompasión, ya que eso me conduce sin pausa a mi eterna perdición.
 La perdición espera ansiosa su ocasión, me fundo en el ocaso con la reproducción de mis acciones de autodestrucción.
 La autodestrucción es la debilidad del humano, rompe con la evolución y valentía que reside en el interior del cuerpo vivo.
 No cederé al impulso de los deseos más pasajeros, ellos son el delirio que me quita el sueño y me causa tormentos.
 Fidelidad a mi causa me falta, más no regalaré palabras de compasión en busca de una tranquilidad interior. Soy el culpable del dolor que infrinjo en mi situación, más no lo soy del que me culpan por su egoísmo y distracción.
 Es simbólico el susurro de esos rostros difusos.


Esteban N. Santos. 

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