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sábado, 11 de enero de 2014

Esta vela irrisoria.




 En todo mundo interior existe una vela que se prende con el nacimiento. 
Acunando la esperanza del porvenir.
 Pero su llama siempre es débil, al igual que el hombre.
 Rara vez su fuerza afila, sin embargo cuando lo hace la vela se consume con mayor celeridad, apurando el tiempo de su consumo.
 Para la posteridad.

 Pero hay algo que no todos saben.
 Se puede apagar, y así no se consumirá de forma tan prematura.
 La impavidez te espera si esto haces sin demora, soluciones se hayan en toda desdicha humana.
 Rara vez la llama se vuelve a prender, la estadística y la posibilidad siempre han de hablar, y el camino del sosiego es un arma vital.
 Para la posteridad.

 Necios hay en cada renglón del universo, que agotan su vela hasta el más nimio filamento, siendo golpeados así por un alud de emociones descontroladas.
 Y lo único que alcanzan con proeza tan absurda es apagar la endeble llama con una lágrima salada.

 Concluyo con mi dictamen, que a pocos ha de importar.

 Mi vela yace apagada. En la oscuridad
todo se ve con mayor claridad.




Esteban N. Santos.

1 comentario:

  1. Supongo (y sólo supongo) que darle a "Excelente" no es suficiente para que notes mi presencia por estos lares así que como te dije, aquí me tienes. Pese a tus intentos por hacerle creer al mundo que no tienes talento para la escritura creo que tu forma de ligar las palabras en este texto niega rotundamente lo que tanto te esfuerzas por afirmar. Has perdido, Esteban. Esta entrada es magnífica.

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