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viernes, 31 de enero de 2014

Figuras difusas.

 Figuras difusas en planos inversos, momentos que se caían en cualquier viejo desierto. Cuando el significado era la nada, y entonces en la nada sobrevivíamos como bien se podía. Ahora te acercas a una idea superior, y no comprendes la correlación con la existencia anterior.
 Y todo son figuras difusas en planos inversos, momentos que se pierden en cualquier momento. Te abraza la niebla y te habla por momentos, tú sabes que es una voz que te habla sin lamentos. No escuchas con cordura la voz del raciocinio, pues todos somos amantes del engaño más íntimo.
 Sin sangre las balas no alcanzarían su cometido, y a veces se topan contra un ser inmoral que no consiguen perforar. Sin objetivos los personajes no tienen sentido, y vagan sin destino en una historia que a nadie suscita ningún beneficio.
 Todo parece tener su dicha en este desperdicio.
 Yo vago con las figuras difusas de los planos inversos, me sumerjo con los momentos que se pierden en dimensiones de desconcierto. No hay palabras que levanten un cuerpo yermo. 




Esteban N. Santos

sábado, 11 de enero de 2014

Esta vela irrisoria.




 En todo mundo interior existe una vela que se prende con el nacimiento. 
Acunando la esperanza del porvenir.
 Pero su llama siempre es débil, al igual que el hombre.
 Rara vez su fuerza afila, sin embargo cuando lo hace la vela se consume con mayor celeridad, apurando el tiempo de su consumo.
 Para la posteridad.

 Pero hay algo que no todos saben.
 Se puede apagar, y así no se consumirá de forma tan prematura.
 La impavidez te espera si esto haces sin demora, soluciones se hayan en toda desdicha humana.
 Rara vez la llama se vuelve a prender, la estadística y la posibilidad siempre han de hablar, y el camino del sosiego es un arma vital.
 Para la posteridad.

 Necios hay en cada renglón del universo, que agotan su vela hasta el más nimio filamento, siendo golpeados así por un alud de emociones descontroladas.
 Y lo único que alcanzan con proeza tan absurda es apagar la endeble llama con una lágrima salada.

 Concluyo con mi dictamen, que a pocos ha de importar.

 Mi vela yace apagada. En la oscuridad
todo se ve con mayor claridad.




Esteban N. Santos.

jueves, 9 de enero de 2014

¿Por qué?



¿Por qué?
   Y él se lo pregunta como si fuese la pregunta más normal, y lo es, pero no siempre.
 El destino ha debido de ser una invención que el hombre hizo por el camino, para así hacer más llevaderas las penas que arrastra consigo. Más aún esperaba encontrar en el susurro del viento una respuesta a esa incógnita que siempre le mantendría en vilo.

 ¿Por qué
todo?
   No hallaba respuestas para ninguna certeza, y cuando topaba alguna que podría acercarse la desechaba por no ser la que quería.
 Así es como pasaba los días, sentado detrás de una puerta, esperando a que esta se abriera y le mostrara esas malditas respuestas. El tiempo corre y se va consumiendo su esperanza de vida, pero él sigue regio a sus principios, permaneciendo inmutable y esperando a que sean otros los que le empujen al destino.

 ¿Por qué
nada?

   Era entonces cuando se aferraba a la esperanza de que todo fuese una proyección de algún sueño, o quizás fuese un personaje de algún mal libro.
 El más puro desierto era su hogar, aunque algunas cosas tenía, y sin embargo el silencio que siempre había pretendido ahora le torturaba con los recuerdos de lo nunca vivido. Esos constantes miedos que siempre le apartaron del intento, esas historias de su vida que sólo se reproducían en sus sueños. Ahora comprendía que tendría que haber buscado la respuesta, y no haber esperado a encontrarla en un susurro del destino.

 ¿Por qué
nunca?
   Y volvía siempre al punto de partida, este es el bucle que era su vida, y escuchaba paciente como se perdía.
 Se comparó con una estatua antes de retornar al inicio. No le gustó la metáfora pues la piedra no había sufrido el castigo de la memoria. Bien habría preferido ser como ella. Contempló también las arrugas de sus manos, no las había advertido hasta entonces. Pero no importaba, porque ahora volvía al inicio y nada importaba.

 ¿O sí?
   Porque al menos tenía el consuelo y la certeza de que su orgullo no había sufrido. Eso era entereza. A nadie había permitido quebrar la coraza de su abismo. Y eso, importaba. Hurgó en su interior para encontrar la palabra que definiera los sentimientos que le habían sobrevenido a lo largo de su corta vida…
 …y no la encontró.

Porque había olvidado lo que era haber sentido.

 ¿Por qué
nunca te has movido?

   Se preguntó antes de despedirse de este momento efímero.





Esteban N. Santos.

jueves, 2 de enero de 2014

El tiempo me tritura.

 Me agota ese ruido malogrado, estoy seguro de que nunca me llevará a ningún lado. Voces me hablan en sueños y algunas las pierdo en cuanto despierto, que agonía tan banal. Si el alcohol recorre mi cuerpo las voces se vuelven caóticas, y te aseguro que no sé a cuál debo seguir y obedecer. Sigo tratando de ser fiel vasallo a mi propia moralidad.
 Me escondo en el silencio de mi habitáculo, si la noche es profunda él será más osado. Quienes no son osadas son las voces, ni tampoco las palabras, que se alejan de mi mano como este cigarrillo subvencionado. Leí que la perseverancia siempre gana, intento ser perseverante más la daga de la frustración se empeña en no abandonar este costado ensangrentado.
 Me fortalece el sonido de la obertura, anuncia siempre el porvenir de una sustancia futura. Teniendo así que acogerse al vacío desconocido esperando que sea inesperado, esperando que sea beneficioso al contado. Cuento las horas que he malgastado y me castigo por ser un ser tan vano.




Esteban N. Santos.