Blogger templates

Pages

martes, 27 de marzo de 2012

Patri y Mario VII. Locura.


 Abandonó su puesto en el supermercado y echó a correr por la calle hacia la casa. La gente la miraba como si estuviesen viendo a una loca. Llegó a casa entre sudores, y para su sorpresa, Mario estaba allí, desparramado en el sofá mirando atentamente el televisor. Miró de soslayo hacia la puerta, y cuando quiso decir algo, Patri cerró sonoramente la puerta de la habitación.
 - ¿Qué ocurre, cariño? – La voz desinteresada de Mario se filtraba a través de la puerta.
 - Es mi tío… ha vuelto. Estaba allí, en el supermercado… y Lía… Ella… ¡Miguel tenía razón! – La voz temblorosa de Patri se esforzaba por utilizar las palabras correctas -. Tienes que traerlo de vuelta, ¡lo necesitamos!
 - Deja de decir tonterías. Lía es tu amiga, y tu tío nunca te hizo daño. No tenías una gemela. – Vaciló un instante abandonando su enumeración -. Miguel te ha llenado la cabeza de tonterías.

 Pasaron las horas, lentas y suplicantes. Ella se negaba a abrir la puerta, y Mario pronto perdió el interés por dicha causa.- Se le pasará, antes o después -. Pensaba Mario para disculparse a si mismo.
 Mario abandonó la casa, ahora ya con la seria intención de ir al trabajo y no volver a encender el televisor hasta que la noche se alzara. Y se alzó, y Patri seguía encerrada en la habitación, el miedo que la invadía le impedía mover los músculos de su cuerpo. Los músculos de una atleta reformada. No parecía la chica que poco tiempo atrás se dejaba inundar por el sobrepeso mientras pasaba las horas muertas en el sofá.

 Mario volvió. Pero no lo hizo solo. El tío de Patri le acompañaba. Se sentaron sosegadamente el sofá del salón, mientras bebían dos cervezas y hablaban sobre ella, sobre Patri.
 - Desde pequeña tuvo serios problemas. Tan solo era una niña cuando se enteró de que su hermana había muerto, la noticia de su muerte fue un golpe muy duro para ella. Tuvo que estar con severos tratamientos. Hablaba sola, y cuando alguien le preguntaba con quién hablaba sonreía y decía que con su hermana. Fue muy duro para todos. Poco a poco su memoria fue borrando el trauma de su muerte, y con ello la existencia de su hermana. Se había recuperado, pero tu hermano tiene problemas más serios que los de ella misma.
  La voz del presentador de las noticias había callado a Mario, y al tío.
 - … El hombre que ven en sus pantallas está siendo buscado por las autoridades. Es un criminal al que se le atribuyen un elevado número de muertes, y otros casos que no han llegado a resolverse. Una cámara captó unas violentas imágenes que no serán emitidas para evitar dañar la sensibilidad del espectador.
 - ¿Es ese tu hermano? – Preguntó el tío que miraba curioso a Mario.
 - Así es. – Contestó este mientras una lágrima manaba de sus ojos.
 La puerta de la entrada se cerró, causándoles un sobresalto a ambos. La puerta de la habitación estaba abierta.
 - Patri ha escapado. – Dijo Mario mientras ambos se levantaban y corrían hacia la puerta.
 No tardaron en dar con ella. En la misma salida del edificio dos chicas se habían enfrascado en una pelea. El colectivo que por allí pasaba se paraba a mirar, unos se reían, otros se preocupaban, otros animaban… hasta que Mario y el tío, que también observaban la pelea, salieron de su shock y apartaron a ambas chicas. Lía por un lado. Patri por el otro.
 Patri se revolvía furiosa. Lía se apaciguo al instante. Patri mantenía su mirada fija en Lía, parecía con sus ojos iban a salir disparados, y escupía insultos sin cesar. Como una loca. Diría más tarde Mario.
 -Tranquilízala Mario, o habrá que llevarla. – Dijo el tío sonoramente.
 - ¿Llevarme? ¿A dónde? Mario me has traicionado, no vales nada. Te alías con esta bruja, y con el adultero ese que me arruinó la vida. – Intentaba Patri en balde zafarse de Mario -. Por favor déjame, por favor…
 Las palabras de Patri se apagaron mientras el tío se abalanzaba sobre ella y le taponaba su nariz y su boca con un paño blanco. Cayó dormida en sus brazos al momento.

 Dos horas más tarde entreabrió sus ojos enterrada en el asiento trasero de un coche desconocido para ella hasta entonces. Su difuminada vista le dejó leer las palabras que respondían a sus incógnitas, antes de que la ira se apoderase nuevamente de su cuerpo. Por la ventanilla trasera del coche, observó atenta y leyó: Hospital Psiquiátrico. Luego se hizo la oscuridad.




Esteban N. Santos

lunes, 5 de marzo de 2012

Suicidas

  Presionaba el acelerador mientras descendía por la empinada pendiente, y se preguntaba ininterrumpidamente - ¿Qué se siente cuando sabes que estás  a punto de morir? - Pronto pudo averiguarlo.







Esteban N. Santos

jueves, 1 de marzo de 2012

Patri y Mario VI. Culpable.


- Debo protegerte – Le dijo Miguel a Patri en cuanto el niño Nando se hubo marchado -, me temo que tienes  algún enemigo.
 Patri quedó envuelta en un halo de confusión, tanto porque no esperaba que Miguel le hablase después de lo que había pasado la última noche, como por lo que le acababa de decir. La oscuridad empezaba a alzarse en el cielo, y Mario seguía sin aparecer. Patri se preguntaba en silencio donde estaría su novio, Miguel, lo sabía.
 - Te ayudaré, y cuando todo esto termine, me iré, te lo prometo. Pero tienes que decirme quién te odia, y por qué.
 Ella permaneció en silencio, hurgando en el interior de sus recuerdos.
 - Cuando tuve el accidente, le vi. Luego desapareció como si hubiese sido una visión, pero no lo fue, sé que lo vi…
- ¿De quién hablas?
- Mi tío. – Una lágrima bajó por la mejilla de Patri-. Parece que uno no puede alejarse de su pasado, es extraño… Yo… olvidé todo, todo cuanto me pasó cuando tan sólo era una niña, no tengo recuerdos – Miguel se estremeció -, pero a él, lo que él me hizo jamás lo olvidé y ese recuerdo a eclipsado a los otros durante toda mi vida. – Las palabras comenzaban a atragantarse en su boca una tras otra hasta que consiguió aclararlas y siguió hablando -.  Recuerdo su olor, colonia barata de hombre, odio ese olor; el tacto de sus manos, gruesas como un cepillo, recuerdo como las deslizaba por mis piernas desnudas… y… sus palabras: “Cariño, tal vez te duela, pero tengo que hacerlo, así los demonios estarán lejos de ti”. – No pudo impedir el aluvión de lágrimas que asomaron ahora por sus ojos. Miguel acarició su hombro, y ella trató de calmarse -.  Eres la única persona que lo sabe, ni siquiera Mario lo sabe… ¿por qué no he podido olvidar eso? ¿Por qué?
 Envuelta en lágrimas inconsolables, Miguel le tendió sus brazos, y ella se arropo entre su cuerpo. No tuvo ninguna visión. Sólo sitió el dolor que ella sentía, que ella le trasmitía.
 La puerta se cerró sonoramente, y se despedazaron de su abrazo, lo suficientemente lentos para darle tiempo a Mario de verlos unidos.
- Primero matas a Abadón, luego a padre, ¿y ahora quieres arrebatarme a mi novia?
- ¿Qué?- Respondió  Miguel incrédulo.
- Lo escuché todo. – Se abalanzó sobre Miguel, y este lo apartó con una leve sacudida- ¿En quién te has convertido?
- Sólo hice lo que tenía que hacer. – Dijo Miguel, tranquilo, sin un ápice de arrepentimiento en su voz.
 Mario se dejó en uno de los sillones, llorando, llevándose las manos a la cabeza.
- Tienes que creerme, si no hubiese acabado con ellos habría muerto mucha gente.
- ¡Eres un puto asesino! Quiero que te largues de esta casa, y quiero que lo hagas ¡hoy! – Decía Mario entre gritos, furioso como nunca antes lo había estado.
- No puedes echarme, ¿qué te ha hecho la bruja esa? – Señaló hacia la puerta.
- ¿Qué? ¿De qué me hablas?
- Vamos Mario, sé de dónde vienes. Y ella, sólo quiere matarla – señaló a Patri, atónita en el sofá -, y matarme a mí después. Tú no le importas, sólo eres un peón, tú caíste en sus redes - vaciló un segundo antes de continuar -. Vine aquí para huir, pero no puedo huir. Intentarán matar a Patri, ¿y quién va a salvarla? Ese siempre ha sido mi trabajo, evitar que mueran los buenos.
- Yo la protegeré – atajó Mario a su hermano -. Y te lo digo enserio, mañana quiero que te vayas, eres mi hermano y siempre te querré; pero no puedo olvidar ni perdonar tan rápido lo que hiciste... todo lo que me quitaste.

 La mañana se alzó de nuevo, soleada y calurosa. Había un inquilino menos esta vez en el piso de Patri y Mario. Miguel se había escabullido antes de que nadie despertara. Silenciosa, la pareja se levantó y desayunó en la cocina de siempre, el desayuno de siempre, y las conversaciones esquivas de siempre – evitando los problemas un día más -, así como terminaron salieron a la calle fingiendo que no había pasado nada. Pero los ojos de Patri estaban rojos, las lágrimas no la habían abandonado en toda esa oscura noche.
 Siguió el camino hacia el trabajo, llegó sin ningún sobresalto al supermercado. Lía estaba en su caja, sonriendo, ahora veía ella también en ella lo que las demás veían. Ese miedo irracional hacia ella, ahora lo veía. Le devolvió una sonrisa vacía, se colocó en su puesto y comenzó su trabajo.
 Un hombre alto de pelo blanco, fuerte, y vestido con una camisa de cuadros verde, esperaba su turno en la caja de Patri, llevaba un pack de cervezas, Mahou, sus favoritas. Ella pasó el artículo sin levantar la cabeza, él le tendió el dinero, entonces lo vio.
- ¿Tío? – La alegría se dibujó en la cara de esté, y aunque su sonrisa asustaría a cualquier niño, sonreía. Ella no.
- Cuánto me alegra que te acuerdes de mí. – Volvió a sonreír, y Lía sonrío a su vez desde su caja. Entonces lo comprendió, Miguel tenía razón.





Esteban N. Santos